El milagro

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El milagro

Era solo un perro que hablaba, un milagro increíble. Pero luego la historia creció para abarcar a Antonia, la niña que podía hablar con él. A pesar de que su familia etiquetó al perro como un «animal extraño», ella decidió que su nombre fuera Bruno y que el destino quería que el perro y ella estuvieran juntos para siempre.

Mi libro, Bruno, está en el estante. Realmente creo que es muy bueno.

El perro estaba en peligro de convertirse en alimento para los lobos o de ser atropellado en la ruta que cruza el bosque. La niña lo acogió en su casa luego de verlo en uno de sus paseos y eso le salvó la vida.

Antonia recibió unos cuantos retos de sus padres, porque Bruno tenía la mala costumbre de comer de la basura. Hacía esto a pesar de tener su plato lleno de comida. Era una de las manías que le habían quedado por su pasado salvaje.

El perro también tenía la manía de contestar mal, eso era lo que más molestaba a los padres de Antonia. Cuando digo que Bruno hablaba, me refiero a que hablaba en serio, no como esos perros que salen en videos de internet y parece que dicen mamá. Bruno te decía lo que estaba pensando, porque además era un perro muy directo.

Y yo necesitaba dinero. Vi en Bruno la posibilidad de darle un giro a mi vida. Dios o la naturaleza me habían dado una mano increíble, me habían presentado a este milagro inexplicable para que pudiera escribir un libro fuera de serie, la palabra bestseller no alcanzaría para definirlo.

Me quedé todo un verano viviendo con Bruno, Antonia y sus padres, captando toda esa milagrosa cotidianidad al más mínimo detalle, anotando todo. Siempre pensando en el libro. 

Era agradable hablar con Bruno porque no tenía opiniones fuertes sobre política. Tampoco tenía la costumbre de interrumpir, a diferencia de tantas personas.

Bruno estaba lleno de secretos. Secretos de una vida pasada siendo vagabundo. Creo que las duras condiciones de vida y todo lo que sufrió fue lo que en última instancia lo obligó a hablar, tal vez para desahogarse un día que no tocó comer, tal vez para gritar fuerte una noche de tormenta o quizás para pedir ayuda a los autos que pasaban. Pero son conjeturas mías, a Bruno no le gusta mucho hablar sobre lo que pasó en esos tres largos años a la intemperie.

Bruno no se parecía a ningún perro que Antonia hubiera conocido, estaba bastante intrigada por esta nueva criatura. Ella pronto descubrió que a él le encanta el pescado y el chocolate, le gusta mucho escuchar la radio o que le leyeran historias y era difícil encontrar un lugar donde no la pasara bien.

Me atrapó desde el principio la idea de usar a Bruno como personaje en un libro, usar un perro en lugar de un humano para explicar el punto de la historia. 

Tal vez ese sea el mayor problema que tuve: si vas a usar un perro en lugar de una persona en un libro, creo que realmente necesitás que sea una historia mucho más memorable o lo suficientemente significativa para que la gente se pueda poner en el lugar de ese protagonista no humano y la recuerde, entonces todos hablarán sobre ella, comprarán el libro y preguntarán por la secuela.

A pesar de ser el relato fiel de tan increíble suceso, el público juzgó que la historia de Bruno no era lo suficientemente memorable. Hasta cierto punto los entiendo, en definitiva, en todas las caricaturas hay un perro que habla. Mi libro quedó catalogado como infantil y luego de una corta vida útil de la primera edición, fue rápidamente desterrado a los estantes más inhóspitos de las librerías de saldo. Con mi carrera sucedió algo similar.

Hay cosas que no pueden ser salvadas ni por un milagro.


Era solo un perro que hablaba, un milagro increíble. Pero luego la historia creció para abarcar a Antonia, la niña que podía hablar con él. ...


3 comentarios:

  1. Nooooo, que mal, final triste :( Abrazos amigo
    Cecy :)

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    Respuestas
    1. El final es triste pero la historia es feliz, así que los sentimientos están balanceados 👉
      Abrazos!

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  2. Bela história !!! Maria

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