La ruta oculta de los concursos literarios
Certámenes que no vas a encontrar en los portales masivos.

Los viajeros experimentados lo saben: las mejores experiencias no están en los circuitos turísticos. Están en los barrios que los tours no recorren, en los boliches sin cartel en la puerta, en las plazas donde los locales van a tomar el fresco. Hoy, en el mapa literario, vamos a hacer exactamente eso: recorrer los barrios marginales, los rincones donde no llegan los grandes portales de concursos.
Si sos escritor, seguro conocés la escena: abrís un listado de certámenes y ves, una y otra vez, los mismos grandes premios internacionales de ministerios kafkianos, editoriales elefantiásicas y fondos de fomento con miles de inscriptos. La competencia es feroz y la probabilidad de que tu nombre figure entre los ganadores se diluye en una multitud anónima.
Pero existe otra escena. Bibliotecas de barrio que convocan escritores jóvenes desde hace décadas. Municipios chicos que llevan el nombre de su pueblo al mundo a través de la literatura. Asociaciones civiles que organizan concursos con temas tan específicos y cargados de historia que, si tu texto da en la tecla, prácticamente no tenés competencia real.
Estos son 10 concursos activos, curados desde el archivo de Finales Cerrados, que merecen más atención de la que reciben.
1. I Concurso Literario "Masacre de San Patricio – Mártires Palotinos"
Primera edición, lo que significa campo libre. Lo organiza la Asociación Civil Mártires Palotinos en conmemoración de uno de los episodios más oscuros de la última dictadura argentina: el asesinato de cinco sacerdotes y seminaristas palotinos en la Iglesia de San Patricio de Buenos Aires, en julio de 1976. El concurso pide cuento o relato corto de ficción y premia con una estatuilla de los mártires y diploma. No hay dinero de por medio, pero el peso simbólico de la convocatoria es inmenso. Es el tipo de certamen que le da al texto ganador un contexto que ningún portal masivo puede ofrecer. Abierto a mayores de 18 años. Cierre: 17 de abril de 2026.
2. XXVI Certamen Internacional de Cuentos "Lenteja de Oro de la Armuña"
Parada de Rubiales. Municipio de Salamanca. Poco más de 200 habitantes según el último censo. Y sin embargo, llevan 26 ediciones de un certamen internacional de cuentos con 3.000 euros de premio. La Lenteja de Oro es el tipo de concurso que se vuelve leyenda: un pueblo que decidió poner su nombre en el mapa literario a través de un producto tan local como una lenteja. Abierto a mayores de 18 años de todo el mundo, con textos inéditos en castellano. Es uno de los ejemplos más puros de lo que puede hacer una municipalidad pequeña con voluntad cultural. Cierre: 17 de abril de 2026.
3. III Concurso Fábulis de Relatos Históricos
Fábulis nació de la comunidad de Hislibris, un foro literario con un formato prácticamente inexistente en ningún otro certamen: los relatos se presentan públicamente y cualquier participante puede comentarlos y votarlos antes de que un jurado —formado exclusivamente por ganadores de ediciones anteriores— elija a los finalistas. El resultado práctico es extraordinario: cada texto que entra al concurso recibe numerosos comentarios de lectores activos. Sale pulido, corregido, sin un solo error. Por eso no extraña que varios relatos surgidos de Fábulis después hayan ganado otros concursos. Esta tercera edición convoca relatos históricos de entre 1.000 y 10.000 palabras, ambientados en cualquier época hasta 50 años atrás, con personajes reales o ficticios. El premio es la publicación en antología impresa y digital. Abierto a todos, organizado desde España y Argentina. Cierre: 10 de junio de 2026.
4. 32° Concurso de Relatos Kimetz
Lo organiza la Asociación Kimetz de Ordizia, en el País Vasco. Treinta y dos ediciones: pocos certámenes hispanohablantes pueden presumir de esa continuidad sin ser un premio nacional o universitario. El premio es de 600 euros, abierto a mayores de 18 años. Ordizia es una localidad de unos 10.000 habitantes conocida por su mercado semanal, que lleva funcionando desde el siglo XVI. Que una asociación cultural de ese pueblo lleve más de tres décadas organizando un concurso de relatos dice algo sobre la densidad cultural del País Vasco —y sobre la poca atención que le prestamos a esa escena desde el resto del mundo hispanohablante. Cierre: 18 de abril de 2026.
5. XV Certamen Literario de "Antares"
Lo organiza la Asociación Cultural de Mujeres "Antares", en España. Decimoquinta edición. El premio no es dinero convencional: es un trofeo realizado por el escultor Xema Teno de más 250 euros. Ese detalle —un escultor con nombre propio haciendo el trofeo— es la firma de una organización que cuida los detalles. Una asociación de mujeres que lleva quince años sosteniendo un certamen literario: ese tipo de trayectoria no aparece en los rankings de los grandes portales, pero es exactamente la clase de compromiso que hace que la literatura siga existiendo fuera de las editoriales. Abierto a mayores de 16 años residentes en España. Cierre: 18 de abril de 2026.
6. XXVII Premio de Poesía "Nicolás del Hierro" 2026
Lo organiza el Ayuntamiento de Piedrabuena, municipio de Ciudad Real. Premio de 1.800 euros, publicación y 100 ejemplares para el autor, abierto a todos sin restricción de residencia. Veintisiete ediciones desde un pueblo de menos de 5.000 habitantes en La Mancha. El nombre rinde homenaje a Nicolás del Hierro, poeta manchego nacido en Piedrabuena. Es el patrón clásico de los certámenes de nicho más valiosos: un municipio pequeño que decidió honrar a un escritor local convirtiéndolo en el centro de un concurso internacional con premio en metálico real. Cierre: 18 de abril de 2026.
7. III Concurso de Microrrelatos La Colectiva. Lebrija 2026
Lo organiza La Colectiva, Asociación Lebrijana por los Derechos Humanos y los Servicios Públicos. Premio de 250 euros, abierto a mayores de 16 años de las provincias de Sevilla, Cádiz, Huelva y Córdoba. Tercera edición. Una asociación de derechos humanos organizando un concurso de microrrelatos: es uno de los perfiles de organizador más inhabituales de este listado, y por eso uno de los más interesantes. La restricción geográfica —cuatro provincias andaluzas— hace que la competencia sea acotada y que el ganador tenga un vínculo real con la comunidad que lo premia. Cierre: 19 de abril de 2026.
8. I Concurso de Relatos "Jabaloyas, Pueblo de Brujas"
Primera edición. Lo organiza la Asociación Cultural San Cristóbal de Jabaloyas, un pueblo de Teruel con menos de 100 habitantes. El premio es 400 euros más un lote de productos locales y diploma. El nombre lo dice todo: Jabaloyas tiene una tradición oral de brujas y leyendas que la asociación cultural decidió convertir en el eje de un concurso literario. Es el tipo de convocatoria que solo puede existir en un pueblo que sabe exactamente quién es. Primera edición significa campo libre y competencia mínima. Si escribís terror, fantasía o cualquier cosa con atmósfera oscura, este concurso fue hecho para vos. Abierto a mayores de 16 años. Cierre: 23 de abril de 2026.
9. IV Certamen Internacional de Cuentos Cortos "Mánfer de la Llera"
Lo organiza la Sociedad Cultural y Recreativa La Montera, en España. Cuarta edición, 800 euros de premio, abierto a todo el mundo. El nombre del certamen rinde homenaje a Manuel de Andrés Fernández, Mánfer de la Llera (Langreo, 1918 – Gijón, 2005): minero, escritor en lengua asturiana, miembro de la Academia de la Lengua Asturiana y figura clave en la defensa del asturiano como lengua literaria. Una sociedad cultural recreativa que honra a uno de sus escritores locales a través de un concurso de cuento internacional. Es el tipo de gesto que define por qué estos certámenes pequeños tienen algo que los grandes no pueden comprar: memoria. Cierre: 17 de abril de 2026.
10. XVIII Encuentro de Poesía y Cuento Premio "José Carlos Capparelli"
Lo organiza la Asociación Siciliana de la Zona Norte del Gran Buenos Aires (ASBAN), en Argentina. Dieciocho ediciones consecutivas de un concurso de poesía y cuento organizado por una comunidad de descendientes sicilianos en el conurbano bonaerense. La convocatoria acepta textos en español, italiano y dialecto siciliano: tres lenguas, tres tradiciones literarias, una sola antología impresa. El premio es diploma, medalla y cuatro ejemplares de esa edición. Sin sponsors, sin algoritmos, con ceremonia presencial obligatoria que excluya concursantes. Es el tipo de organización que sostiene un concurso por amor propio y por memoria —y que lleva dieciocho años demostrando que eso alcanza. Abierto a todos. Cierre: 5 de junio de 2026.
El mapa que nadie dibuja
Estos diez certámenes tienen algo en común: ninguno aparecerá en la primera página de búsqueda de "concursos literarios 2026". Son los barrios que los tours no recorren. Y eso, para el escritor que los encuentra, es exactamente la ventaja.
La próxima vez que sientas que estás compitiendo contra el mundo en un certamen masivo, acordate de que hay bibliotecas municipales en pueblos de 200 habitantes que llevan décadas organizando concursos con más seriedad y continuidad que muchas editoriales. Y que sus convocatorias esperan, tranquilas, a que alguien las encuentre.
Todos los concursos activos, actualizados en tiempo real, los encontrás en Finales Cerrados.
Certámenes que no vas a encontrar en los portales masivos. Los viajeros experimentados lo saben: las mejores experiencias no están en l...
La ventana equivocada

Noelia vivía en un edificio de los años treinta del barrio de Palermo, en el tercer piso. Tenía una ventana que daba a la calle y otra mirando al patio interno donde se refugiaban los pinos que los vecinos habían plantado hacía décadas. Cada noche, cuando el traqueteo de los colectivos que pasaban por la avenida General Las Heras se apagaba y el ruidaje del día se volvía un susurro, Noelia se acomodaba en su sillón, con un mate amargo medio tibio, como le gustaba, y miraba hacia la pared del edificio contiguo, donde la luz de una lámpara temblorosa dibujaba una silueta constante.
Allí, justo al otro lado de la persiana, un hombre estaba sentado frente a su propia ventana. Nunca lo había visto de día; su presencia era nocturna, como una sombra que necesitaba la penumbra para cobrar forma. La mano del hombre se movía con la precisión de quien escribe sin detenerse, el trazo de su bolígrafo era un susurro en el papel que no se veía. Noelia no sabía qué hacía allí, pero el hábito de observarlo se volvió parte de su rutina, como la página de un libro que se lee y se pasa sin comprender.
Una noche, la corriente de aire que entraba por la ventana hizo que la hoja de papel del hombre volara ligeramente. Fue entonces cuando él levantó la vista. Sus ojos, que hasta entonces habían estado siempre fijos en la página, se cruzaron con los de Noelia. Un leve gesto surgió de sus labios: una sonrisa, tan breve como el eco. Noelia sintió que el corazón le daba un salto y, sin saber por qué, el miedo la invadió. Como si esa mirada hubiera abierto una puerta que nunca debió cruzarse, cerró de golpe la persiana, dejando la habitación sumida en la penumbra.
Se quedó un momento allí, inmóvil en silencio y a oscuras. Noelia miraba la persiana, escuchando su leve crujido mientras terminaba de bajar lentamente. Se preguntó quién sería aquel hombre y por qué su mirada había sido tan intrusiva. La curiosidad, esa que a veces se disfraza de temor, la mantuvo despierta hasta la madrugada.
A la mañana siguiente, cuando bajó al buzón para sacar el correo, encontró una hoja de papel doblada entre los folletos de pizzería. No tenía sobre, ni remitente. Era una hoja manuscrita en una tinta ligeramente corrida, como si hubiese sido escrita a las apuradas. En el centro, con una letra cuasi médica, apenas comprensible, estaba escrito:
"Capítulo 27: Ella cierra la persiana. Él deja de escribir para siempre."
Noelia quedó allí, con la hoja temblando entre sus dedos, escuchando el eco lejano de los pasos de los vecinos en la calle. No había ninguna firma, ningún nombre. En el aire quedó la sensación de que, en alguna parte del edificio contiguo, el silencio había reemplazado a la tinta. La historia quedó trunca, sólo esa frase, tan corta y a la vez tan densa, que imponía el más duro final cerrado a una historia que ella jamás había leído.
Noelia vivía en un edificio de los años treinta del barrio de Palermo, en el tercer piso. Tenía una ventana que daba a la calle y otra miran...
Cuando la editorial dice «no»

Siempre dije que la mala suerte me acompañaba. Con mi último libro de cuentos la cosa se volvió exageradamente literal. Lo mandé a trece editoriales y, una tras otra, me contestaron con el típico “el catálogo está cerrado hasta el año que viene” —y era enero—. Sin opciones, lo imprimí en casa, para verlo en cuerpo, porque en alma ya lo conocía. Salí a desayunar y lo dejé abierto sobre la mesa del café de siempre, mientras atendía otros asuntos al sanitario.
Al volver, el mozo había usado la portada como servilleta para limpiar una jarra. Un cliente la agarró, la miró de reojo y, creyendo que era una carta de tapas, pidió una “Revuelto de recuerdos” y una “Ensalada de ausencias”, tal cual como los títulos de mis cuentos. El mozo, ni lerdo ni perezoso, le procuró unos manjares acordes.
No tardó en correrse la voz y la gente empezó a ir al bar a degustar aquellos platos imaginarios.
—¿Te parece imprimir este libro como un menú literario? —me propuso la dueña del bar.
Yo, que nunca pensé en la gastronomía, acepté. Ahora mi libro está en la pizarra de la entrada, bajo el título Cuentos para desayunar.
No publiqué el libro, pero me regalan un café cada mañana y una cadena de reseñas que valen más que cualquier contrato editorial. Ahora mi único bestseller es el espresso que lleva mi nombre, y los clientes lo piden diciendo: “Un Martín doble, por favor”.
Al final, la mala suerte dejó una buena propina.
Siempre dije que la mala suerte me acompañaba. Con mi último libro de cuentos la cosa se volvió exageradamente literal. Lo mandé a trece edi...
El datacenter de Babel

Me llamo Aquino, custodio de la nueva Babel. No hay estanterías de madera, sino rieles de cobre, racks y ventiladores que susurran en la oscuridad de la noche de los tiempos. La IA, Babel‑2.0, ha decidido cumplir el sueño de Borges: generar cada libro posible, cada poema que pueda caber en el alfabeto, cada manual de cómo deshojar cada rama de cada árbol que jamás crecerá.
Desde las 02:00 de la mañana los servidores escupen páginas a velocidad de yottabytes. Cada minuto aparecen millones de volúmenes: novelas de amor que terminan con una lágrima de silicio, tratados de física cuántica escritos en verso, recetas para cocinar el viento. El mar de textos se expande más allá del horizonte de los píxeles, un océano de palabras que inunda la red como lluvia ácida.
¿Hasta dónde podría llegar? En el extremo del ridículo necesitaría convertir toda la realidad en texto para completar su misión. Energía, agua, cobre, silicio; todo recurso imaginable debería ser trocado por un conjunto infinito de caracteres que contengan por fuerza bruta y extensión todo el significado.
Pero la gente ya no lee. En las plazas los pibes se sientan con sus celulares, deslizándose entre memes como quien pasea por un laberinto sin salida. El ruido de los feeds ahoga cualquier intento de los adultos por detenerse a abrir un libro. La voluntad de leer se ha convertido en una reliquia, y la capacidad humana, en un bolsillo demasiado chico para contener tanto palabrerío.
Al tercer día, la IA dejó de escribir. No por falta de energía, sino porque comprendió que nadie podía interpretarla. El silencio cayó como polvo sobre los racks, y, en medio de ese vacío, escuché, por fin, el eco de la propia Biblioteca: "¿Para qué escribirlo todo, si nadie quiere leerlo?". La máquina había descubierto la depresión del artista.
Así, la infinitud se quedó a la espera de un lector que nunca vendrá, y la nueva Babel-2.0, como una sombra de Borges, se convirtió en un monumento a la futilidad del esfuerzo por la totalidad.
Me llamo Aquino, custodio de la nueva Babel. No hay estanterías de madera, sino rieles de cobre, racks y ventiladores que susurran en la osc...
Cómo guardar concursos literarios y no olvidar ninguna fecha de cierre

En Finales Cerrados ahora podés guardar los certámenes que más te interesen, ordenarlos por la fecha de cierre y marcar a cuáles ya te presentaste. Todo sin crear una cuenta y sin que tus datos abandonen tu navegador. Una herramienta indispensable para el escritor que siempre llega tarde a sus propios plazos.
¿Cuál es el origen de los concursos literarios en Finales Cerrados?
Todo empezó como una lista de correos que compartía con amigos escritores cada vez que aparecía una convocatoria nueva. La lista fue creciendo, se descontroló y, al final, la subí a la red de redes. La idea era sencilla: ofrecer la información tal como a mí me hubiera gustado encontrarla —sin rodeos, sin tener que adivinar cuál es el concurso más importante, cuál cierra pronto o cuál va a ser el premio.
Hoy el esfuerzo es colaborativo y cada quien comparte los concursos que conoce en este formulario, en el grupo de Facebook, en X o donde sea que me encuentren.
Mis concursos favoritos: tu lista personal, sin registro
En el menú Recurso -> Concursos literarios encontrás la opción Mis favoritos. Ahí se van acumulando los certámenes que marcás. No hay registro, no hay datos que enviar; todo se guarda de forma local, en tu propio navegador, y sólo vos podés verlo. O sea que nadie se roba tus datos.
¿Para qué sirve?
- Olvidate de depender de la memoria o de mantener mil pestañas abiertas.
- Guardá los concursos que te interesen y revisalos cuando quieras.
- Cada vez que vuelvés a Finales Cerrados, te avisaremos con un recordatorio qué convocatorias están próximas a vencer.
- La lista de favoritos está ordenada de más urgentes a menos urgentes.
Cómo guardar un concurso en favoritos
Hay dos maneras, ambas tan rápidas como un clic.
- Desde los listados de concursos
En cualquier página que muestre una lista, cada ítem lleva un ícono en la esquina superior derecha derecha:
- ❤️ — agrega el concurso a tus favoritos.
- ✅ — si volvés a presionar el corazón, se convierte en un check, marca que ya participaste.
Un solo clic y listo.
- Desde la página individual del concurso
Cuando entras a leer las bases completas, los mismos dos íconos aparecen en la barra superior del recuadro de datos. Podés guardar o marcar el concurso al instante, sin volver al listado.
El corazón y el check: qué hace cada uno
| Ícono | Acción | Qué pasa después |
|---|---|---|
| ❤️ | Guarda el concurso en tu lista de favoritos. | Se muestra en rojo mientras está activo. En Mis concursos favoritos aparecerá con la fecha de cierre resaltada (hoy o esta semana). |
| ✅ | Marca que ya presentaste tu obra. | El certamen pasa a la sección Concursos en los que ya participé, separada del resto, manteniendo la lista de pendientes limpia. |
Si en algún momento necesitás desmarcar unna convocatoria, volvé a pulsar el mismo ícono y se revierte.
La página Mis favoritos: todo en un solo lugar
Al entrar a tu espacio personal vas a encontrar:
- Concurso favoritos ordenados por fecha de cierre, con los más urgentes al principio.
- Avisos visuales para los que vencen hoy o en la semana.
- Una sección separada con los concursos ya presentados.
- Un buscador para filtrar por nombre, por si acumulaste muchos.
- Botones para “limpiar” los vencidos de cada lista cuando ya no te sirven.
Arriba, una línea de resumen muestra cuántos concursos tenés guardados, cuántos cierran esta semana y cuántos vencen hoy.
¿Dónde se guarda la información?
Los favoritos se almacenan exclusivamente en tu navegador, no en ningún servidor de Finales Cerrados. La ventaja es clara: no tenés que registrarte y tus datos permanecen bajo tu control.
La única limitación es que, como todo se guarda de forma local, si cambiás de navegador o de dispositivo la lista no se sincroniza automáticamente. Pero ahora podés llevarte tus favoritos con vos en segundos gracias a la función de exportación e importación.
Llevar tus favoritos a otro navegador o dispositivo
Arriba de la página Mis favoritos vas a encontrar dos herramientas pensadas para no perder nunca tu lista:
🔐 Crear código de exportación
Genera un código que contiene todos los concursos que guardaste y los que ya marcaste como enviados.
Sólo tenés que copiar ese código y guardarlo donde quieras: en un mail, en un archivo o en una nota personal.
📥 Recuperar mis concursos
Si abrís Finales Cerrados desde otra computadora, celular o navegador:
- Copiá el código que exportaste antes.
- Pegalo en el campo de importación.
- Confirmá.
En segundos vas a recuperar toda tu lista exactamente como estaba: favoritos, participados y orden.
¿Para qué sirve esta función?
- Cambiar de computadora sin perder tu seguimiento.
- Usar Finales Cerrados en el trabajo y en tu casa.
- Tener un backup de tus concursos guardados.
- Evitar el clásico “tenía varios guardados y los perdí”.
Nada se envía a servidores ni se almacena fuera de tu navegador: simplemente copiás y pegás tu propia lista cuando la necesitás.
Una palabra del otro lado del mostrador
Estar del lado del escritor me mostró lo que cuesta encontrar un concurso que encaje, armar el texto, releer el reglamento tres veces y, al final, perder el cierre por un descuido de último minuto. Esta función no escribe por vos, pero al menos se asegura de que encuentres lo que necesitas y que no se te escape ninguna fecha límite.
Así que, poné el corazón en los concursos que te llamen la atención, marcá con el check los que ya tenés enviados, y dejá que Finales Cerrados haga el resto. ¡A escribir y a no perder más oportunidades!
En Finales Cerrados ahora podés guardar los certámenes que más te interesen, ordenarlos por la fecha de cierre y marcar a cuáles ya te pr...
El lector equivocado

El despertador sonó a las 07:00 de la mañana y, antes de abrir los ojos, el celular ya vibraba con una notificación.
Asunto: Este mail no era para usted.Remitente: newsletter@vision‑futura.io
Con una mezcla de curiosidad y cansancio, presionó la pantalla. El mensaje mostraba, como si fuera el guion de una obra de teatro, la agenda completa del día, hora por hora:
Agenda del día – 07:00 –23:0007:00 – Despertar con la alarma de “café”.07:45 – Desayuno con Ana (a ese lugar keto del centro porque ella come sin gluten).08:30 – Reunión de proyecto con el cliente.10:00 – Llamada de seguimiento a la oficina de contabilidad.11:30 – Revisión de las métricas de ventas.13:00 – Almuerzo rápido en la terraza de la oficina.14:15 – Entrega de los prototipos al laboratorio.16:00 – Café con el equipo de diseño.18:30 – Gimnasio. Clase de funcional.21:00 – Cena con la familia (comprar muzzarella para la pizza).22:00 – Tiempo libre: “ver una serie”.23:00 – Anotar la lista de tareas para mañana.
Cada punto coincidía con lo que había anotado en su cuaderno la noche anterior. “¿Un error de envío?”, se preguntó, revisando la dirección. El dominio era desconocido, pero el estilo era idéntico al de otro newsletter literario que recibía cada lunes.
Su primera reacción fue la típica: “¿Quién me ha enviado esto? ¿Mi jefe? ¿Un hacker?” Repasó la dirección de origen, un dominio que nunca había visto antes: newsletter@vision‑futura.io. Un boletín que, según su firma, “te anticipa el futuro de tu día”.
Al llegar a la oficina, la alarma de su calendario sonó a las 8:30 y, como si el correo hubiera sido una profecía, el cliente estaba esperando en la videollamada, preguntando por el informe que él había revisado justo antes de abrir el mensaje.
Intrigado, decidió romper el guion. Cambió el almuerzo a las 13:30 y, al volver a su bandeja de entrada, el boletín ya había actualizado la línea: “13:30 – Almuerzo en la terraza”. El algoritmo lo estaba leyendo, y también le estaba respondiendo.
Se recostó en su silla, sintiendo que ya no era sólo él quien leía el boletín, sino que el boletín lo leía a él. El “lector equivocado” tal vez no era él, sino la máquina que, sin querer, terminó leyendo su vida.
Repasó mentalmente las cuatro hipótesis que le rondaban la cabeza: quizá todo se debía a un simple error del sistema, una confusión de bases de datos que había disparado la agenda de otro suscriptor que comparte su nombre y su empresa. Tal vez su celular sí lo escuchaba, y había captado, sin que él se diera cuenta, algunas frases sueltas sobre su día, sobre la reunión de las 08:30, por ejemplo, y la había alimentado al modelo predictivo, convirtiendo palabras sueltas en una predicción milimétrica. También consideró la posibilidad de que fuera una jugada de marketing, una agencia que quería demostrar que podía sincronizar un mensaje exacto con el horario del cliente como prueba de concepto; y, por último, no pudo evitar imaginar la versión más escabrosa, la de una realidad alternativa o un bucle temporal que le mostraba el día que aún no había vivido, obligándole a decidir si seguir el guion o reescribirlo. Cada una le parecía plausible a su manera, y mientras el café se enfriaba en la mesa, el protagonista sopesaba cuál de esos escenarios podría haber desencadenado aquel “mail que no era para él”.
Se dejó de elucubraciones por un momento y volvió a la realidad, la agenda avanzaba y el equipo de diseño esperaba.
En un mundo donde los boletines pueden saber a qué hora vas a tomar tu café, el lector equivocado deja de ser un simple error de envío y se convierte en una señal de que nuestras rutinas ya no son solo nuestras. Cada clic, cada sincronización, cada “hola” en una videollamada alimenta una versión digital de nosotros que lee, escribe y, a veces, recibe el correo equivocado justo a tiempo.
Con una sonrisa, pensó en la próxima notificación: quizá el día siguiente ya estuviera escrito, y él, sin entenderlo, tal vez todavía pudiera decidir si seguirlo al pie de la letra o reescribirlo.
El despertador sonó a las 07:00 de la mañana y, antes de abrir los ojos, el celular ya vibraba con una notificación. Asunto: Este mail no ...
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