En Finales Cerrados ahora podés guardar los certámenes que más te interesen, ordenarlos por la fecha de cierre y marcar a cuáles ya te presentaste. Todo sin crear una cuenta y sin que tus datos abandonen tu navegador. Una herramienta indispensable para el escritor que siempre llega tarde a sus propios plazos.

¿Cuál es el origen de los concursos literarios en Finales Cerrados?

Todo empezó como una lista de correos que compartía con amigos escritores cada vez que aparecía una convocatoria nueva. La lista fue creciendo, se descontroló y, al final, la subí a la red de redes. La idea era sencilla: ofrecer la información tal como a mí me hubiera gustado encontrarla —sin rodeos, sin tener que adivinar cuál es el concurso más importante, cuál cierra pronto o cuál va a ser el premio.

Hoy el esfuerzo es colaborativo y cada quien comparte los concursos que conoce en este formulario, en el grupo de Facebook, en X o donde sea que me encuentren.

Mis concursos favoritos: tu lista personal, sin registro

En el menú Recurso -> Concursos literarios encontrás la opción Mis favoritos. Ahí se van acumulando los certámenes que marcás. No hay registro, no hay datos que enviar; todo se guarda de forma local, en tu propio navegador, y sólo vos podés verlo. O sea que nadie se roba tus datos.

¿Para qué sirve?

  • Olvidate de depender de la memoria o de mantener mil pestañas abiertas.
  • Guardá los concursos que te interesen y revisalos cuando quieras.
  • Cada vez que vuelvés a Finales Cerrados, te avisaremos con un recordatorio qué convocatorias están próximas a vencer.
  • La lista de favoritos está ordenada de más urgentes a menos urgentes.

Cómo guardar un concurso en favoritos

Hay dos maneras, ambas tan rápidas como un clic.

  1. Desde los listados de concursos

    En cualquier página que muestre una lista, cada ítem lleva un ícono en la esquina superior derecha derecha:

    • ❤️ — agrega el concurso a tus favoritos.
    •  — si volvés a presionar el corazón, se convierte en un check, marca que ya participaste.

    Un solo clic y listo.

  2. Desde la página individual del concurso

    Cuando entras a leer las bases completas, los mismos dos íconos aparecen en la barra superior del recuadro de datos. Podés guardar o marcar el concurso al instante, sin volver al listado.

El corazón y el check: qué hace cada uno

Ícono Acción Qué pasa después
❤️ Guarda el concurso en tu lista de favoritos. Se muestra en rojo mientras está activo. En Mis concursos favoritos aparecerá con la fecha de cierre resaltada (hoy o esta semana).
Marca que ya presentaste tu obra. El certamen pasa a la sección Concursos en los que ya participé, separada del resto, manteniendo la lista de pendientes limpia.


Si en algún momento necesitás desmarcar unna convocatoria, volvé a pulsar el mismo ícono y se revierte.

La página Mis favoritos: todo en un solo lugar

Al entrar a tu espacio personal vas a encontrar:

  • Concurso favoritos ordenados por fecha de cierre, con los más urgentes al principio.
  • Avisos visuales para los que vencen hoy o en la semana.
  • Una sección separada con los concursos ya presentados.
  • Un buscador para filtrar por nombre, por si acumulaste muchos.
  • Botones para “limpiar” los vencidos de cada lista cuando ya no te sirven.

Arriba, una línea de resumen muestra cuántos concursos tenés guardados, cuántos cierran esta semana y cuántos vencen hoy.

¿Dónde se guarda la información?

Los favoritos se almacenan exclusivamente en tu navegador, no en ningún servidor. La ventaja es clara: no tenés que registrarte y tus datos permanecen bajo tu control. La limitación es que si cambiás de navegador o de dispositivo la lista no se sincroniza automáticamente. Por ahora la herramienta está pensada para el browser que usás a diario.

Una palabra del otro lado del mostrador

Estar del lado del escritor me mostró lo que cuesta encontrar un concurso que encaje, armar el texto, releer el reglamento tres veces y, al final, perder el cierre por un descuido de último minuto. Esta función no escribe por vos, pero al menos se asegura de que encuentres lo que necesitas y que no se te escape ninguna fecha límite.

Así que, poné el corazón en los concursos que te llamen la atención, marcá con el check los que ya tenés enviados, y dejá que Finales Cerrados haga el resto. ¡A escribir y a no perder más oportunidades!

En  Finales Cerrados ahora podés guardar los certámenes que más te interesen, ordenarlos por la fecha de cierre y marcar a cuáles ya te p...

El lector equivocado

El despertador sonó a las 07:00 de la mañana y, antes de abrir los ojos, el celular ya vibraba con una notificación.  

Asunto: Este mail no era para usted.
Remitente: newsletter@vision‑futura.io

Con una mezcla de curiosidad y cansancio, presionó la pantalla. El mensaje mostraba, como si fuera el guion de una obra de teatro, la agenda completa del día, hora por hora:

Agenda del día – 07:00 –23:00
07:00 – Despertar con la alarma de “café”.
07:45 – Desayuno con Ana (a ese lugar keto del centro porque ella come sin gluten).
08:30 – Reunión de proyecto con el cliente.
10:00 – Llamada de seguimiento a la oficina de contabilidad.
11:30 – Revisión de las métricas de ventas.
13:00 – Almuerzo rápido en la terraza de la oficina.
14:15 – Entrega de los prototipos al laboratorio.
16:00 – Café con el equipo de diseño.
18:30 – Gimnasio. Clase de funcional.
21:00 – Cena con la familia (comprar muzzarella para la pizza).
22:00 – Tiempo libre: “ver una serie”.
23:00 – Anotar la lista de tareas para mañana.

Cada punto coincidía con lo que había anotado en su cuaderno la noche anterior. “¿Un error de envío?”, se preguntó, revisando la dirección. El dominio era desconocido, pero el estilo era idéntico al de otro newsletter literario que recibía cada lunes.

Su primera reacción fue la típica: “¿Quién me ha enviado esto? ¿Mi jefe? ¿Un hacker?” Repasó la dirección de origen, un dominio que nunca había visto antes: newsletter@vision‑futura.io. Un boletín que, según su firma, “te anticipa el futuro de tu día”.

Al llegar a la oficina, la alarma de su calendario sonó a las 8:30 y, como si el correo hubiera sido una profecía, el cliente estaba esperando en la videollamada, preguntando por el informe que él había revisado justo antes de abrir el mensaje.

Intrigado, decidió romper el guion. Cambió el almuerzo a las 13:30 y, al volver a su bandeja de entrada, el boletín ya había actualizado la línea: “13:30 – Almuerzo en la terraza”. El algoritmo lo estaba leyendo, y también le estaba respondiendo.

Se recostó en su silla, sintiendo que ya no era sólo él quien leía el boletín, sino que el boletín lo leía a él. El “lector equivocado” tal vez no era él, sino la máquina que, sin querer, terminó leyendo su vida.

Repasó mentalmente las cuatro hipótesis que le rondaban la cabeza: quizá todo se debía a un simple error del sistema, una confusión de bases de datos que había disparado la agenda de otro suscriptor que comparte su nombre y su empresa. Tal vez su celular sí lo escuchaba, y había captado, sin que él se diera cuenta, algunas frases sueltas sobre su día, sobre la reunión de las 08:30, por ejemplo, y la había alimentado al modelo predictivo, convirtiendo palabras sueltas en una predicción milimétrica. También consideró la posibilidad de que fuera una jugada de marketing, una agencia que quería demostrar que podía sincronizar un mensaje exacto con el horario del cliente como prueba de concepto; y, por último, no pudo evitar imaginar la versión más escabrosa, la de una realidad alternativa o un bucle temporal que le mostraba el día que aún no había vivido, obligándole a decidir si seguir el guion o reescribirlo. Cada una le parecía plausible a su manera, y mientras el café se enfriaba en la mesa, el protagonista sopesaba cuál de esos escenarios podría haber desencadenado aquel “mail que no era para él”.

Se dejó de elucubraciones por un momento y volvió a la realidad, la agenda avanzaba y el equipo de diseño esperaba.

En un mundo donde los boletines pueden saber a qué hora vas a tomar tu café, el lector equivocado deja de ser un simple error de envío y se convierte en una señal de que nuestras rutinas ya no son solo nuestras. Cada clic, cada sincronización, cada “hola” en una videollamada alimenta una versión digital de nosotros que lee, escribe y, a veces, recibe el correo equivocado justo a tiempo.

Con una sonrisa, pensó en la próxima notificación: quizá el día siguiente ya estuviera escrito, y él, sin entenderlo, tal vez todavía pudiera decidir si seguirlo al pie de la letra o reescribirlo.

El despertador sonó a las 07:00 de la mañana y, antes de abrir los ojos, el celular ya vibraba con una notificación.   Asunto: Este mail no ...

Un jinete fantasma aparece en noches de lluvia en el Parque Rivadavia: testimonios, leyenda urbana y una investigación histórica en Buenos Aires.

El jinete del Parque Rivadavia

Hace unos días, mientras caminaba por el Parque Rivadavia para despejar la mente después de una jornada de escritura, me topé con una historia que unos pocos vecinos recuerdan cada noche de tormenta. Es una leyenda singular e increíblemente poco documentada, sobre todo si se tiene en cuenta que le da una nueva dimensión al nombre del barrio: Caballito. Lejos de las historias de veletas y pulperías, esta dimensión se centra en la imponente estatua ecuestre de Simón Bolívar, erigida en el centro del parque, y en un misterioso jinete, que, según cuentan, solo aparece en las noches de lluvia.

Según los relatos que circulan en el barrio, pasadas las cero horas un resplandor similar a un rayo ilumina el pedestal de Bolívar. De pronto, se percibe un leve relincho, un sonido seco de cascos y la silueta de un caballo negro con su jinete se materializa frente al monumento. Ambas figuras espectrales, bestia y jinete, muestran luminosos ojos blancos —tan luminosos que parecen hechos de niebla—.

El jinete va vestido con una especie de uniforme de caballería, siempre tiene la cabeza gacha y su mano descansa sobre la empuñadura de una pistola que nunca dispara. Da una única vuelta completa alrededor del caballo de bronce y, sin detener la marcha, se desvanece en el aire, dejando tras de sí un leve eco que se pierde entre los árboles.

Para dar cuerpo a esta historia, me encontré con María Ponce en un café a la vuelta del Mercado del Progreso. María es una vecina de 68 años que ha vivido en el barrio toda su vida:

"Era el mes de agosto del año 1979. Recuerdo que llovía mucho esa noche. Yo estaba yendo a la casa de mi madre, y el camino más corto era atravesando el parque. Iba al trote cuando escuché el relincho y vi esos ojos blancos girar alrededor de Bolívar. Su presencia es una advertencia y, a la vez, un consuelo. Desde entonces empecé a dejar una moneda de cinco centavos bajo la pata del monumento, como agradecimiento y protección".

Así me lo contó, con una mezcla de miedo, asombro y cariño. Ella afirma que varios vecinos de la zona vieron el destello y la enigmática sombra ecuestre haciendo su ronda nocturna. No sé cuánto dinero habría que dejar hoy bajo aquella pesada pata de bronce; sospecho que cinco centavos de Peso Ley de 1979 deben representar una buena cantidad de plata actualmente. Tampoco encontré otras referencias a esta costumbre de ofrendar monedas, aunque pude ver que alguien dejó flores debajo de aquella pata broncea.

No pude encontrar una versión clara sobre el origen de la figura. Personalmente, no creo que el espectro sea Simón Bolívar. Llegué hasta una versión que apunta ni más ni menos que a Ambrosio Plácido de Lezica, oficial que ingresó al ejército en 1829 y que construyó su quinta en el terreno que hoy pertenece al parque.

A mí no me convence la versión del oficial Lezica, le falta un motivo. ¿Solo está allí porque fue su quinta? ¿Por qué custodiaría a Bolívar?

Creo, en cambio, que el jinete puede ser un integrante del escuadrón de los Húsares de la Escolta del General, creado por San Martín; Bolívar cambiaría su nombre a Húsares de Junín luego de que le salvaran la vida en la batalla de Junín. Bolívar estaba adelantado, observando y dando órdenes demasiado cerca del frente. Una carga realista rompió la línea y avanzó directo hacia él. Hay relatos que coinciden en esto: su escolta fue dispersada y quedó momentáneamente aislado; si la carga avanzaba un poco más, lo alcanzaban. La salvación vino de una contra-carga inesperada —la famosa carga de los Húsares de Junín—, que dio vuelta la batalla en cuestión de segundos.

¿Por qué un Húsar de Junín en Argentina? Porque los símbolos importan: la representación en bronce de Bolívar merece la representación espectral de uno de sus fieles custodios. ¿Se darán situaciones similares en otros monumentos de Bolívar alrededor del mundo? Esa pregunta es central. Si algún lector conoce la respuesta, por favor déjela en los comentarios.

Resolver este enigma sería más sencillo si contáramos con una descripción más precisa del uniforme espectral. Está el detalle de la pistola: podría concordar con la época. Estamos hablando de pistolas de avancarga y chispa, de un solo tiro, que se utilizaban una única vez en la batalla para luego continuar con sable.

Como escritor y curioso de la ciudad, pienso que esta historia merece una investigación más profunda: revisar los archivos municipales, buscar menciones en la prensa del siglo XX y, por supuesto, volver al parque en noches de lluvia —aunque actualmente el parque está enrejado y cerrado a esas horas— para intentar captar la mínima señal de aquel jinete.

¿Les gustaría que siga escarbando este mito y les traiga más detalles, testimonios y documentos históricos? Dejen sus comentarios y avísenme si quieren que el relato del jinete del Parque Rivadavia se convierta en una crónica completa.

Un jinete fantasma aparece en noches de lluvia en el Parque Rivadavia: testimonios, leyenda urbana y una investigación histórica en Buenos A...

La teoría de las cartas perdidas

En la esquina gastada, frente al Bar El Rescoldo —que bendice a sus parroquianos con sacros vinos— se alza el clásico buzón rojo, guardián silente de los susurros de la ciudad. Hoy, la tapa del buzón rechina como una puerta a otro tiempo. Cada sobre que descansó en su interior llevó más que papel: cargó dentro de su vientre de celulosa un latido de vida.

—Con este smart device enviábamos emails hace algunos años —bromeó Anselmo, una de las almas perdidas de El Rescoldo.

Dicen los viejos de San Telmo que el buzón es un portal de amor. Cuando una carta de pasión se introduce en su hueco justo antes de la medianoche, la tinta se vuelve vapor y se eleva, cruzando la oscuridad del olvido como una luciérnaga. La carta no llega solo al destinatario o a la destinataria, sino también al recuerdo de quien la escribió, y ambos pueden leerse simultáneamente, aunque estén separados por décadas y vidas. Así, la carta perdida de una joven de 1943 que nunca vio responder a su amado en el barrio de Palermo, se abre una vez más en 2026, encontrada causalmente por la mano temblorosa de una nieta que, sin saberlo, está permitiendo a los protagonistas transitar nuevamente una ruta de pasión equidistante con el infinito.

Cuenta la leyenda que el rojo del buzón se vuelve incandescente cuando cumple su promesa; una ligera vibración recorre el metal y, en el silencio de la noche porteña, se oye el susurro de dos voces que se encuentran una vez más en la misma hoja. Es la prueba de que, aunque la tecnología cambie y los bits reemplacen al papel, el amor escrito conserva una magia difícil de apagar. Cada carta que se deposita en el viejo buzón es una llave que abre una ventana al pasado y al futuro, recordándonos que el verdadero mensaje siempre ha viajado en el latido del corazón.

En la esquina gastada, frente al Bar El Rescoldo —que bendice a sus parroquianos con sacros vinos— se alza el clásico buzón rojo, guardián s...

El hierro y el día terminan en el mismo punto

El atardecer se cuela entre los edificios hasta la vieja estación de Caballito, tiñendo los rieles de un rojo metálico que parece derretirse en el horizonte. Desde el andén, la vía del Sarmiento se extiende como una aguja de plata que desaparece en la distancia; allí, donde el cielo y el acero se encuentran, el sol se funde con los rieles y crea un punto de fuga que, para los que aman las palabras, es tan tentador como un verso sin rima.

Yo, Joaquín Arrieta, escritor de crónicas que aún no encuentran su público, había llegado con una mochila, un cuaderno de tapas gastadas y la esperanza de atrapar esa luz en una frase. El bloqueo que me perseguía llevaba meses y no me permitía terminar mi más reciente intento de historia. La única pista que había encontrado en mi hoja de ruta creativa era «buscar el punto de fuga». Me senté en el banco de madera, dejé que la bocina distante del tren marcara el ritmo de mis pensamientos, y abrí el cuaderno en el final de la historia inconclusa.

—¿Te molesta el ruido? —me preguntó una voz grave y, al mismo tiempo, suavemente afinada con el eco del andén.

Al girar, vi a un hombre de unos setenta años, de cabello canoso recogido en una coleta desordenada, con una boina que parecía haber visto más amaneceres que la misma estación. Llevaba bajo el brazo un fajo de papeles amarillentos, atados con un piolín de caja de pizza. Era evidente que el hombre llevaba la literatura a cuestas, como si fuera su equipaje de mano.

—Soy Eulalio, corrección de textos en la editorial del barrio hace cincuenta años —dijo, ofreciendo una sonrisa que mostraba los surcos de una vida escrita a mano—. Hoy me dedico a coleccionar trenes perdidos.

—¿Trenes perdidos? —repetí, intrigado.

—Exacto. Cada tren que parte sin destino es una historia que nunca llegó a su estación final. Y cada estación es un punto de vista, una coma, una pausa que el lector debe sentir. —Se sentó junto a mí, dejó su fajo de papeles sobre la banca y sacó una hoja doblada en cuatro partes—. ¿Te gustaría escuchar una?
Asentí. Eulalio desdobló aquella maltratada hoja y, con voz pausada, comenzó a leer:

«El último tren de Caballito nunca llegó.
María había dejado una carta sobre el banco, el mismo donde hoy se sienta el escritor que la lee.
El sobre estaba impregnado del perfume de la lluvia de agosto, y la tinta, temblorosa, decía: "Si no te encuentro al bajar del tren, buscaré en los rieles el camino de regreso".
El tren se alejó, pero el sol, que ya había besado la vía, quedó atrapado en la curva del acero.
Al cabo de un año; la carta se había convertido en una hoja seca que el viento recogió y depositó, por casualidad, sobre el cuaderno de un escritor que busca la última frase.»

Cuando terminó, el silencio se hizo tan denso como la niebla que a veces cubre la ciudad. Entonces, sin perder la mirada en la vía que se desvanecía, Eulalio continuó:

—¿Ves? La historia no necesita que el tren llegue a su destino; lo que importa es el punto donde el sol se encuentra con la vía. Ese es el punto de fuga de cualquier narración: la intersección entre lo que vemos y lo que imaginamos.

Me quedé pensando en la carta de María, en la hoja que el viento o Eulalio había llevado hasta mi cuaderno. Mi bloqueo, en aquel instante, empezó a desvanecerse como la luz del día al caer la noche. Entendí que mi personaje —el escritor que busca la última frase— no era otro que yo mismo, y que mi amor perdido, aquel que había dejado una nota en la misma banca años atrás, había quedado enterrado bajo la capa de polvo de los recuerdos.

El tren, que hasta entonces solo había sido un eco de metal, comenzó a acercarse. Cada rueda que crujía sobre los rieles marcaba un compás, como una puntuación que separa oraciones. El bocinazo que surgió de la máquina se oyó como un signo exclamación cerrándose.

—Escucha —dijo Eulalio, levantándose—. El tren no solo parte; también te devuelve lo que dejaste en la vía.

Miré el horizonte: el sol se estaba fundiendo con la vía, creando una línea luminosa que parecía dibujar una barra diagonal sobre la hoja en blanco de mi cuaderno. Con la mano temblorosa, empecé a escribir, pero esta vez sin la presión de crear una obra completa, sino como quien sigue el rastro de un tren perdido.

«El sol se encontró con la vía, y el tren, con su estruendo, dejó una última coma en el aire. Yo, que había perdido el amor en esa misma banca, comprendí que cada despedida es una pausa que invita a la próxima frase; que el punto de fuga no es el punto final, sino el lugar donde la luz vuelve a iluminar el camino que aún queda por escribir.»

Al cerrar el cuaderno, el tren se alejó, disipándose en la penumbra. La luz del sol, ahora casi oculta, quedó reflejada en los rieles como una promesa silenciosa de retorno.

Eulalio se despidió con un gesto de la mano, como quien entrega la batuta a otro director de orquesta.

Yo me quedé mirando la vía, recordando que cada historia tiene su propio horario, que los lectores son pasajeros y los escritores, los maquinistas. La estación de Caballito, con su punto de fuga donde el sol y los rieles se funden, me había regalado la lección que todo escritor busca: la capacidad de unir el punto de partida y el punto de llegada en una única línea de hierro que guía al lector a través del viaje.

Mientras el último rayo del día se extinguía, y estando ya a punto de escribir el final de mi historia, anoté una última reflexión en el margen de la hoja:

«El hierro, el día y mi historia terminan en el mismo punto.»

El atardecer se cuela entre los edificios hasta la vieja estación de Caballito, tiñendo los rieles de un rojo metálico que parece derretirse...

Nueva zona de trabajo para escritores

Hemos agregado nuevas funciones y un nuevo panel de botones en los listados de concursos literarios, pensado como tu zona de trabajo. La idea es que puedas explorar, organizar y gestionar tu participación de manera rápida y cómoda, sin perder de vista los concursos que más te interesan.

Este panel está diseñado para facilitar la vida del escritor y hacer que tu flujo de trabajo con los concursos sea más ágil y eficiente.

Ejemplo concurso


1. Compartir

Ubicación: extremo izquierdo de los botones.

Este botón sirve para compartir el concurso con amigos, en tus redes o simplemente para enviartelo a tu email. Siempre visible, no interfiere con tus acciones sobre el concurso.


2. Guardar / Ya participé

Ubicación: botón central.

Este botón tiene tres estados, que te permiten organizar tu progreso y tus prioridades:

  • Sin marcar (gris)
  • Guardado (rojo)
  • Ya participé (verde)

Comportamiento especial:

  • Si marcas Ya participé, los detalles del concurso se ocultan automáticamente para que tu lista se vea más limpia.
  • Si luego cambias de “Ya participé” a otro estado, los detalles se vuelven a mostrar.
  • Los cambios se guardan automáticamente, incluso si recargas la página.

3. Botón Ocultar : Mostrar / Ocultar detalles

Ubicación: extremo derecho.

  • Permite colapsar o expandir los detalles de cada concurso.
  • Al ocultar detalles, el icono rota y el mensaje cambia para indicar si al hacer click vas a mostrar u ocultar la información.
  • Lo que ocultes se recuerda automáticamente, incluso si recargas la página.

4. Enlace a las bases

Cada concurso tiene un enlace a sus bases:

  • Click en el texto → abre las bases en la misma página, para mantener tu listado a la vista.
  • Click en el icono al lado del texto → abre las bases en una nueva pestaña.

5. Enlace para agendar la fecha de cierre

Debajo del enlace a las bases, encontrarás un enlace que te permite agendar la fecha de cierre del concurso en tu calendario o recordatorio personal.

  • Este enlace ayuda a no perder los plazos importantes.
  • Podés usarlo para sincronizar con tu calendario de manera sencilla.
  • Por defecto abre un una ventana para agendar en Google Calendar, pero también descarga un archivo .ics que permite agendar en el resto de los calendarios (Outlook, Outlook.com, Office 365, Apple Calendar (iCal), Thunderbird / Lightning, Yahoo Calendar, Zoho Calendar, FastMail Calendar, Nextcloud Calendar, etc.)

6. Cómo se combinan los botones

Con este panel, tu listado funciona como una herramienta de trabajo organizada para escritores:

  • Puedes marcar concursos, colapsar o expandir detalles, compartir y acceder a las bases sin perder la vista general.
  • Cada acción es visible y predecible, evitando confusiones o saltos inesperados.
  • La combinación de los botones hace que tu flujo sea ágil y cómodo.
  • “Ya participé” → detalles se ocultan automáticamente
  • Ocultar → controla la visibilidad manualmente
  • Guardado → marca interés sin cambiar visibilidad

Resumen rápido de los botones

Botón Función Efecto especial
Compartir Difundir el concurso Ninguno
Guardar / Ya participé Organizar tu progreso Colapsa detalles si Ya participé, expande si cambias de estado
Ocultar Mostrar / Ocultar detalles Icono rotativo, recordado automáticamente
Bases Acceso a la información oficial Misma página o nueva pestaña
Agendar fecha de cierre Recordatorio de cierre del concurso Permite añadir al calendario personal

Hemos agregado nuevas funciones y un nuevo panel de botones en los listados de concursos literarios , pensado como tu zona de trabajo . La ...