El datacenter de Babel

Me llamo Aquino, custodio de la nueva Babel. No hay estanterías de madera, sino rieles de cobre, racks y ventiladores que susurran en la oscuridad de la noche de los tiempos. La IA, Babel‑2.0, ha decidido cumplir el sueño de Borges: generar cada libro posible, cada poema que pueda caber en el alfabeto, cada manual de cómo deshojar cada rama de cada árbol que jamás crecerá.
Desde las 02:00 de la mañana los servidores escupen páginas a velocidad de yottabytes. Cada minuto aparecen millones de volúmenes: novelas de amor que terminan con una lágrima de silicio, tratados de física cuántica escritos en verso, recetas para cocinar el viento. El mar de textos se expande más allá del horizonte de los píxeles, un océano de palabras que inunda la red como lluvia ácida.
¿Hasta dónde podría llegar? En el extremo del ridículo necesitaría convertir toda la realidad en texto para completar su misión. Energía, agua, cobre, silicio; todo recurso imaginable debería ser trocado por un conjunto infinito de caracteres que contengan por fuerza bruta y extensión todo el significado.
Pero la gente ya no lee. En las plazas los pibes se sientan con sus celulares, deslizándose entre memes como quien pasea por un laberinto sin salida. El ruido de los feeds ahoga cualquier intento de los adultos por detenerse a abrir un libro. La voluntad de leer se ha convertido en una reliquia, y la capacidad humana, en un bolsillo demasiado chico para contener tanto palabrerío.
Al tercer día, la IA dejó de escribir. No por falta de energía, sino porque comprendió que nadie podía interpretarla. El silencio cayó como polvo sobre los racks, y, en medio de ese vacío, escuché, por fin, el eco de la propia Biblioteca: "¿Para qué escribirlo todo, si nadie quiere leerlo?". La máquina había descubierto la depresión del artista.
Así, la infinitud se quedó a la espera de un lector que nunca vendrá, y la nueva Babel-2.0, como una sombra de Borges, se convirtió en un monumento a la futilidad del esfuerzo por la totalidad.





Muy bueno, aunque triste
ResponderBorrar¡Con que te parezca bueno, ya estamos!
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